La sonrisa de ayer ya se fue, y no queda nada para recordarla, mas que la olvidadiza memoria. Vivir en este mundo cruel, donde nada es para siempre y todo es efímero es un verdadero suplicio. Mi niñez ha expirado, y mi adolescencia está a punto. Dentro de poco, miraré atrás y tan solo veré una carretera por la que he conducido a todo gas. No me di cuenta de los detalles, sólo de aquellas cosas que marcan la diferencia, que tristemente son comunes a todo el mundo. Acabé los estudios, tuve mi primer trabajo, mi primer hijo, me jubilé, y se acabó. No hay nada más triste para mi en este instante que saber que no vale para nada, que mis momentos clave ya están predestinados, y que cualquier otro está fuera de la lista. Es una pena que ya sea por nuestra naturaleza o por la sociedad en general, que aquella pizza que te comiste con tus amigos un día normal y que gozaste intensamente, sea arrastrada al cajón del olvido, y sustituida por otro evento en tu vida que se supone que tiene que ser recordado, aunque no sea tan especial como el hecho de disfrutas una simple pizza.

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